Despedida de mi maestro y amigo

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El pasado 23 de abril falleció el Dr. Sergio García Merlo, -Don Sergio, como le llamábamos todos en el laboratorio-, noticia que ha supuesto un duro golpe para todos cuantos hemos tenido el privilegio de conocerle y trabajar con él.

Durante más de 20 años he estado a su lado, compartiendo ilusiones, objetivos y tareas profesionales. Llegado este momento quisiera expresar a través de estas líneas, como pequeño homenaje a su memoria, los recuerdos y sentimientos de cariño y amistad que se han ido acumulando durante este tiempo. 

Conocí a Don Sergio como alumna en prácticas y comencé a trabajar con él en 1980, primero como residente y posteriormente como adjunto. A lo largo de esta andadura profesional, me enseñó y transmitió no sólo su conocimiento extenso sino también su pasión por las diferentes áreas de trabajo en el laboratorio clínico, en especial por la Bioquímica clínica, inculcando en mí el afán por el trabajo bien hecho, la economía en el trabajo y un sin fin de aspectos que hoy considero valores que han contribuido de forma determinante en mi desarrollo profesional. 

Natural de Granada, tuvo que ser en Navarra, su querida comunidad adoptiva, donde desarrolló principalmente su labor profesional. Fue pionero e innovador en la modernización de los laboratorios en nuestra Comunidad, desarrollando y haciendo destacar con brillantez aquellos lugares y centros que a lo largo de su trayectoria profesional dirigió con responsabilidad. Recuerdo, como anécdota, que la incorporación de la informática al laboratorio clínico supuso un nuevo reto para él y que le permitió disfrutar a la vez del trabajo y de una de sus aficiones, el cálculo y las matemáticas. Hoy día todavía resultan útiles y tenemos operativos en nuestros ordenadores programas desarrollados por él para el cálculo de diferentes parámetros analíticos. 

Su personalidad humana era multifacética ya que era amante y practicante del deporte, especialmente del tenis y sobre todo del ciclismo, y cultivó actividades como la fotografía y la música con entusiasmo y pasión. Un buen exponente de este interés por la cultura y de su carácter perfeccionista eran las frecuentes excursiones que gustaba de realizar para conocer y visitar numerosos monumentos del románico en los que analizaba meticulosamente todos los matices que podía encontrar de su interés. 

Persona muy familiar, amante de su mujer, hijos y orgulloso de su condición de abuelo, como nos recordaba en el titulo de una de sus últimas aportaciones al Boletín de la SEQC Recuerdos de un abuelete bioquímico, que escribió poco antes de su jubilación. 

Descanse en paz, maestro y amigo.

Ana Grijalba Uche

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