Mi homenaje a tu recuerdo
La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne (1572-1631).
El 23 de abril del 2010, cuando muchos celebraban la fiesta de San Jorge, yo recibía en mi correo, como todos los años, cantidad de hermosas rosas rojas, pero cuando leí el correo que me anunciaba la triste noticia de tu marcha, mi alegría quedó empañada.
Nuestra especialidad de Bioquímica Clínica debe mucho a todos los pioneros que como tú la defendieron cuando sólo era un bebé que al hacerlo crecer te convirtió en “un abuelete bioquímico”; así te llamabas a ti mismo en la entrevista que te hizo la SEQC hace ya muchos años.
Pero yo no deseo glosar la faceta profesional porque es muy conocida por todos, sino que deseo hablar de Sergio como persona.
Cuando llegué a Navarra, hace casi 25 años, yo no conocía a nadie, pero todos me habían hablado de ti, como una persona seria a la que había que tratar de usted y yo, como buena chica que era, así lo hice cuando me fui a presentar a Pamplona.
Al estar en un Hospital Comarcal tenía que establecer acuerdos de colaboración porque era evidente que yo no podría cubrir desde Tudela todas las necesidades de los pacientes de la Ribera de Navarra.
Poco tiempo después, y con motivo de la celebración del Congreso de la SEQC en Pamplona, recuerdo que nos pusiste a todos en el Comité Científico del mismo y por lo tanto tenía que hacerme socia, tarea que me mandaste y cumplí sin vacilar. Sólo muchos años después comprendí el buen consejo que me diste, porque me ha permitido aprender, compartir y trabajar por nuestra querida especialidad.
Con el paso de los años, un día sin yo esperarlo, me preguntaste con tu acento granadino que por qué te decía de usted, que eso te hacía sentirte viejo y yo te respondí que llevabas fama de muy severo... recuerdo tu risa, y que a partir de ese momento siempre te llamé Sergio, como lo estoy haciendo en esta pequeña contribución a tu recuerdo.
Más adelante, a veces me llamabas y me preguntabas sobre algún tema que tenías y yo te decía la forma en que lo había resuelto. En fin, que nos consultábamos cosas mutuamente y a mí me parecía impensable darte a ti ningún consejo, pero a veces querías que así fuera.
Lo que yo te debo es mucho, porque llegar a Navarra y ver la confianza y el apoyo que tú me dabas y la fe que tenías en que yo lo haría bien, me hizo las cosas más fáciles. En ello coinciden más personas que están en otras provincias diferentes.
Por eso Sergio, hoy quiero enviarte a ti todas las rosas rojas que he recibido como homenaje a tu recuerdo desde esta hermosa tierra Navarra que te acogió.
María del Patrocinio Chueca Rodríguez
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