Fin de una etapa

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Carmen Ricós ha renunciado a sus cargos como vicepresidenta de la Junta Directiva y presidenta del Consejo Técnico. Lo explica en esta carta abierta a los socios de la SEQC:

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Ante el nuevo rumbo que va a tomar mi vida, con la jubilación en el hospital Vall d’Hebron, me permito compartir una breve revisión de mi relación con la SEQC.
Creo conveniente terminar ahora mi etapa en la Junta Directiva, porque estoy convencida del beneficio que aportará la savia nueva; el empuje y la iniciativa de los colegas más jóvenes, con más tiempo profesional por delante van a potenciar una Sociedad robusta, para jugar un rol importante en el siglo que se abre. Tengo la satisfacción de haber colaborado, desde 2003, en el fortalecimiento de nuestra Sociedad como motor científico de un área profesional y como eje aglutinador de personas con valores morales importantes. He visto una Junta Directiva sumadora, con capacidad para progresar desde el punto de arranque y sin vacilar en reconocer los méritos conseguidos por las Juntas Directivas anteriores.
Voy a continuar en la SEQC participando en el Comité de Garantía de la Calidad, porque no he agotado mi inquietud por aportar algo más al quehacer diario del laboratorio clínico.
Mis raíces en la SEQC vienen de los años 80, cuando fui admitida en la Comisión de Control de la Calidad para ayudar a organizar el programa externo de bioquímica básica, junto con Paco Ramón, María Jesús Alsina, Mariano Cortés, Jose Navarro y Angel Salas, en sustitución de Rogelio Areal que pasaba a la Universidad a tiempo completo. Enseguida se elaboró una serie de documentos de control de la calidad de los equipos básicos del laboratorio, que me brindaron la oportunidad de colaborar con otras comisiones de la SEQC (Javier Gella, Fernando Barragán y Mariano Martínez, entre otros) .
Ya entonces se creaba la Unidad de la Calidad en el Servicio de Bioquímica del hospital Vall d’Hebron, a la que me he venido dedicando sin discontinuidad y, por tanto, mis dos vidas profesionales han sido complemento indiscutible una de la otra.
A finales de los 80 ya había otras personas en diversos laboratorios con dedicación parcial a la Calidad, que querían iniciar una tarea científica de carácter voluntario. Con ellos se aglutinó un grupo de miembros asociados a la Comisión de Control de la Calidad (Carmen Perich, Virtudes Alvarez, Jaime Horno, Magda Maciá, Carmen Ribera, Margarita Simón, Juan Carlos Vella) y me convertí en su coordinadora. Seguimos elaborando documentos de Control de la Calidad de los equipos básicos y empezó nuestra implicación en los programas de evaluación externa de la calidad (ya eran unos cuantos), fundamentalmente en la evaluación anual de los resultados obtenidos. Las reuniones ya se pudieron realizar en un local propio de la SEQC, con lo que terminó el deambular “de prestado” en espacios cedidos fuera del horario laboral.
En los años 90 cambió el rumbo del grupo de asociados, espaciando los documentos básicos e iniciando la elaboración de artículos para divulgar la nueva entidad que se perfilaba en el laboratorio: la unidad de la Calidad. En este camino entraron Amparo Hernández, Carlos Víctor Jiménez y Joana Minchinela, que ayudaron a consolidar los asociados a la Comisión de Control de la Calidad. Empezamos a plantearnos qué nivel de calidad era necesario en nuestro papel de ayuda al diagnóstico y nos metimos de lleno en el estudio de la variabilidad biológica, además de interesarnos en cómo transferir resultados trazables a patrones. Estos esfuerzos se vieron recompensados por la publicación de muchos artículos en Química Clínica y algunos artículos en Clinical Chemistry.
Fue en esta década cuando, a raíz de una reunión informal celebrada en el seno de un congreso de la IFCC, se crearon grupos de trabajo bajo el amparo de la Comisión de las Comunidades Europeas (CCE), en los que varios miembros de la Comisión de Control de la Calidad colaboramos activamente. Como consecuencia, los artículos enviados a revistas internacionales empezaron a ser valorados positivamente y se publicaron de forma bastante regular. También el prestigio de nuestro criterio nos valió liderar un grupo de trabajo sobre armonización de los límites de aceptabilidad en programas de evaluación externa de la calidad analítica, de ámbito europeo; sus resultados todavía son vigentes en la actualidad. Nuestra implicación en Europa hizo posible organizar un primer simposio internacional sobre calidad, satélite al VI International Congress on Automation and New Technology in Clinical Laboratory, Sitges 1995).
La multiplicación de tareas en la Comisión de Control de la Calidad provocó el cambio a Comité de Garantía de la Calidad, con cuatro comisiones (analítica, extraanalítica, organización de programas externos y acreditación de laboratorios) que convirtieron el grupo de asociados en miembros formalmente reconocidos. Tuve la inmensa suerte de presidir la Comisión de Calidad Analítica, a la que se añadieron José Vicente García–Lario, Fernando Cava y más recientemente Carmen Biosca y Pilar Fernández-Calle, con lo que seguimos disfrutando de nuestras reuniones de trabajo intenso ─pero nunca tenso─ y obteniendo resultados satisfactorios para nuestro propósito de dar contenido tangible a la unidad de la Calidad en el Laboratorio Clínico.
El estudio profundo de cuestiones desconocidas que nos preocupaban, como la obtención de resultados exactos usando programas de comparación externa, la conmutabilidad de los materiales de control, nos llevaron a optar y ganar becas del Fondo de Investigaciones Sanitarias (FIS), durante siete años. Los resultados obtenidos fueron publicados en nuestra revista Química Clínica.
Terminó el siglo XX con nuestra aportación a la Conferencia Internacional de Consenso de Estocolmo (1999) de la Base da Datos de Variación Biológica, que fue tomada como base para establecer las especificaciones de la calidad analítica, directamente relacionadas con la satisfacción de las necesidades clínicas. Esta base de datos sigue viva, actualizándose bianualmente y publicándose en las dos mejores páginas web sobre Calidad en laboratorio clínico: SEQC y Westgard.
Los años 2000 han asentado los conocimientos en forma de compendios (Working Groups CEE), traducción de libros (especificaciones de la calidad, variación biológica, certificación y acreditación de laboratorios). Hemos impartido cursos reales y virtuales sobre conceptos y aplicaciones actuales de la calidad, con un importante enriquecimiento en calor humano recibido. Se nos ha invitado como ponentes en congresos nacionales e internacionales, como integrantes de grupos de trabajo en IFCC y EFCC; en fin, estamos en el eje de todas las iniciativas sobre Calidad en el Laboratorio Clínico, a nivel internacional.
Sirvan las últimas palabras para expresar mi agradecimiento a Carmen Perich por haber accedido a liderar la Comisión de Calidad Analítica desde mi incorporación a la Junta Directiva, a Paco Ramón por haber diluido mis algunos arranques de enfado, a Paco Álvarez por haberme aceptado como vicepresidenta y a todos vosotros, queridos colegas, por haberme dado soporte durante tantos años.
Un cordial saludo y mi compromiso para continuar colaborando científicamente con la SEQC.

Carmina Ricós

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