SOCIEDAD
Organización de la Sociedad
Historia
Un proyecto de futuro y dinamismo para la profesión (R. Galimany)
Me cuesta creer que han transcurrido veinticinco años desde que algún compañero del laboratorio del Hospital de Bellvitge me ofreció rellenar un impreso para ser socio fundador de la Sociedad Española de Química Clínica, que un grupo de compañeros intentaban crear.
A fe de ser sincero lo rellené sin mucha convicción. Con sólo unas, muy pocas, reuniones comprendí que aquel proyecto tenía el futuro y el dinamismo que necesitaba nuestra profesión, pero también requería la contribución y el esfuerzo de todos.
Aunque esta tribuna que me ofrecen es para que resuma mis impresiones como presidente de la SEQC, debo confesar que ésta fue una etapa en la que tuve que desvincularme de otras actividades que, por haberlas iniciado y por haber trabajado siempre en ellas, merecen mi especial cariño. No voy a resumir en estas líneas las actividades y los objetivos alcanzados por nuestra Sociedad en mis años de presidente. Creo que estará en la memoria de muchos y no es necesario rememorarlo.
Prefiero hablar de las vivencias de estos años, en que he tenido en la SEQC mi segundo puesto de trabajo, por supuesto no remunerado. Pero he tenido la fortuna de ver nacer la Sociedad y participar en su rápida ascendencia hasta llegar a las actuales cotas que la hacen la genuina representante de esta especialidad, con un prestigio indiscutible en nuestro país y un justo reconocimiento de sus actividades a nivel internacional.
La Sociedad se sumó plenamente, desde su inicio y con su modesta aportación, al desarrollo de la Bioquímica Clínica en nuestro país. Este desarrollo no habría sido posible sin el soporte inestimable y la contribución de sus asociados y mediante el trabajo colectivo realizado en el seno de todos sus órganos, con el establecimiento de normas para la buena práctica, por medio de recomendaciones largamente elaboradas.
Mención especial merecen todos aquellos que han trabajado, y trabajan, anónimamente, sin deseos de protagonismo, que han hecho tremendas contribuciones a nuestra Sociedad y a su proyección de futuro, desde unos puestos de trabajo claves que, merced a estos esfuerzos, se obtiene un aporte económico capaz de sustentar las actividades de los Comités, de los representantes de la SEQC, etc. Todos ellos son acreedores de nuestro especial agradecimiento y encomio. Muchos han respondido continuamente a los retos que se han presentado ofreciendo su tiempo y su energía con gran dedicación y agrado.
La conmemoración de este aniversario debería ser un motivo de reflexión para reafirmar nuestro propósito de proyectar y actualizar todo el contenido de nuestros laboratorios clínicos, con la presencia en las líneas de trabajo que continuamente se abren en el campo de la Bioquímica Clínica. Es también un buen momento para un examen de los logros y de los fracasos de la SEQC, así como un análisis de su proyección y sus carencias, esencial para programar el futuro.
Somos responsables del futuro de nuestra profesión ante las generaciones venideras y de procurar que el laboratorio clínico no sea un estanque de aguas quietas, sino que la dinámica de la evolución científica proporcione un trabajo digno a los jóvenes profesionales que elijan esta especialidad.
Nuestra atención debe enfocarse hacia las decisiones de la Administración, que quiere adjudicarnos funciones que no nos corresponden y limitarnos el acceso a los avances científicos que continuamente aparecen.
Durante estos años he tenido la oportunidad de conocer y convivir con muchos compañeros y he apreciado gratamente el afecto y la amistad que me han dado. Mi recuerdo para nuestro primer presidente, Enrique Concustell, que supo liderar y entusiasmar a todos los que mostramos nuestro interés por su proyecto. También recuerdo a todos aquellos compañeros de los primeros años, estén donde estén, y que el paso del tiempo ha dificultado los encuentros de antaño; muchos de ellos ya son abuelos en ejercicio y otros podrían serlo, pero antes fueron jóvenes y parte importante de su juventud la dedicaron a llevar hasta donde está nuestra Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular.
Román Galimany Solé
