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Mis recuerdos como presidente (R. Goberna)
Me han solicitado una nota para publicar en el Boletín de la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular sobre los recuerdos que tengo del periodo que fui Presidente.
He pensado no recurrir a los datos formales, dado que cualquier interesado puede encontrarlos en las actas que obran en la Secretaría, y sí orientarlos a mis impresiones desde la perspectiva que da un periodo suficientemente lejano como para haber sedimentado emocionalmente los acontecimientos que nos tocó vivir y los problemas que tuvimos que resolver.
Mi llegada a la SEQC fue desde el mundo académico. Había vivido cerca de cinco años en Alemania como postgraduado y me había incorporado a la Universidad Complutense en el Departamento de Bioquímica. Durante este periodo la situación era (me refiero al periodo 1972-76) la siguiente: en la Universidad, mayoritariamente no estaban separadas la Bioquímica de la Fisiología, en la clínica, la Bioquímica apenas estaba representada, no existía Bioquímica en los laboratorios clínicos y no existía en los planes de estudio en el ámbito universitario. En el caso de Medicina, la única Bioquímica que se impartía era la de primer curso de Licenciatura y en algunas Universidades se impartían algunas lecciones dentro de la Patología General.
Durante los años 75-78 comenzamos una serie de contactos entre Enrique Concustell, Francesc González Sastre y yo mismo para conseguir que el Decreto de Especialidades Médicas incluyese la especialidad de Bioquímica Clínica. El Real Decreto de 1978 apareció con la Bioquímica Clínica y los Profesores antes citados con algún otro como Pie Jordá y aprovechando que por pura coincidencia tanto González Sastre como Pie y yo mismo fuimos, en esos años, decanos de las Facultades de Medicina de la Autónoma de Barcelona, Zaragoza y Sevilla, respectivamente, conseguimos desbloquear la puesta en marcha en el Ministerio de Sanidad y estructurar la primera Comisión Nacional de la que también formaba parte entre otros Alberto Sols y comenzar el rodaje de la Especialidad, proponiendo en el texto inicial (estamos hablando de hace 25 años) que la Bioquímica se enriquecía con la presencia de farmacéuticos, químicos, etc. Desde este punto de vista no es que nos comportáramos como heterodoxos, es que, para algunos, dentro de las Especialidades Médicas, fuimos revolucionarios. Los textos están por si alguien quiere comprobarlos pero el tiempo nos ha dado la razón, aunque el tiempo en algunos casos como el de los químicos se extendiese hasta el milenio siguiente (de este año no pasa seguro).
Mis relaciones con Concustell me llevaron a la incipiente Sociedad de Química Clínica, donde desde 1978 formé parte de su Junta Directiva. Nuestra Sociedad no era más que un cúmulo de ilusiones y un archivador metálico antiguo en Santa Cruz y San Pablo, siendo la secretaría móvil según la persona que fuese el Secretario, pero era una Sociedad Científica abierta que más que preguntar a los futuros socios "qué eran" se les preguntaba "qué hacían" y con una clara intención de integrarse en las Federaciones Internacionales como la IFCC, poner en marcha el control de calidad en toda España, etc.
Recuerdo la última vez que vi a Enrique Concustell. Fue en Madrid, en una de las reuniones que tuvimos con el Ministerio de Sanidad. Al finalizar nos fuimos a comer al Restaurante Edelweis, detrás de las Cortes, donde charlamos del futuro de la Sociedad/Especialidad; recuerdo que comimos entre otros platos "ancas de rana" y nos despedimos, ya que se acercaba el verano y él pensaba pasar las vacaciones en Austria. Su muerte fue un golpe para todos nosotros. Recuerdo que en la primera reunión de la Junta Directiva propuse que se instituyese la Lección Concustell con el fin de perpetuar su memoria. La propuesta fue aceptada por García Merlo y el resto de la Junta iniciándose una "Lección conmemorativa" que espero permanezca en el tiempo con independencia de las personas que formen las Juntas Directivas del futuro.
Si tuviese que definir mi periodo como Presidente de la Sociedad, diría que fue de consolidación de la SEQC y de armonización entre la Especialidad (Ministerios de Sanidad y Educación) la Sociedad Científica y la formación en el pregrado (Bioquímica Clínica en las distintas Licenciaturas). Estos años fueron de mucho trabajo sobre todo en el control de calidad, la puesta en marcha de las Comisiones en el Comité Científico, la organización de Congresos Nacionales e Internacionales, el aumento espectacular del número de socios. En esa época fijamos la Secretaría de la SEQC y llegamos a la conclusión de que deberíamos dar un paso adelante y comprar un local permanente (en la calle Llansá). Recuerdo que, en la toma de la decisión, el consejo de Juan Sabater fue esencial mostrando lo que costaba alquilar y lo que costaría comprar y sobre todo la revalorización que obtendríamos en poco tiempo. Pensado y hecho. Ya éramos propietarios.
Mi recuerdo de aquella época es la de un grupo de amigos con ganas de trabajar. Aún contra el principio de que, citando algunos, seguro que olvidaré otros que trabajaron y ayudaron mucho, no puedo dejar de citar a Paco Ramón, Roman Galimany, Mariano Cortés, Mª Jesús Alsina, Teo Gea, Esteban Mancheño, Joaquín Mateo, Sergio García Merlo, Josep María Queraltó, etc., etc. Con ellos todo resultaba fácil y entre todos conseguimos consolidar la SEQC y sanearla económicamente.
Al mismo tiempo que se afianzaba la SEQC, muchos de los miembros de la Junta Directiva estábamos en la Comisión Nacional de la Especialidad de modo que la sinergia era evidente y eficaz. El primer Presidente de la Comisión Nacional fue el Profesor González Sastre y al final de su periodo lo sustituí en el puesto.
Pensando en el futuro, también participamos en la preparación de los planes de estudio y la introducción de la Bioquímica Clínica en el pregrado. Hoy es una realidad en las Licenciaturas de Bioquímica, Farmacia y Medicina.
De las últimas iniciativas que tomamos como Presidente, fue cambiar la denominación de la Sociedad a la de Bioquímica Clínica y Patología Molecular, conservando el anagrama de la SEQC. La iniciativa provocó algunas reticencias comprensibles pero que eran infundadas. El espíritu de la SEQC donde todo el mundo es aceptado por lo que hace y no por lo que es, continúa tan vivo como siempre y tenemos en España una Especialidad que se llama Bioquímica Clínica, una Sociedad Científica denominada Bioquímica Clínica y Patología Molecular y una Universidad que imparte docencia en Bioquímica Clínica en al menos tres Licenciaturas.
Después de ser Presidente en dos legislaturas dejé la Presidencia de la Sociedad y quedé voluntariamente en un segundo plano. El futuro de la Especialidad es incierto por una parte y floreciente por otra. En cualquier caso debería estar paulatinamente en manos de los jóvenes de ahora y no de los mayores que fuimos jóvenes en los setenta. Para finalizar solo me atrevo a aconsejar, pensando en nuestro futuro, que se enseñe fisiopatología e interpretación de resultados analíticos en la Bioquímica Clínica del pregrado y que, tanto en la formación de especialistas como en la formación continuada, seamos conscientes de que necesitamos participar más activamente en la Clínica haciendo que los que ejercen como Bioquímicos Clínicos dejen de ser sujetos pasivos en el diagnostico y seguimiento de las enfermedades para ser parte sustancial de los equipos clínicos.
Raimundo Goberna
